Con los vehementes rayos del
sol sobre mi cabeza y con cierta probabilidad de perder la caminata que había emprendido
40 minutos antes entraba yo por la portería de los ya abandonados talleres del
ferrocarril de Antioquia. Es sabido por la gran mayoría de la comunidad
bellanita que este sitio situado a un costado de la estación Bello del Metro de
Medellín, está restringido por las autoridades del municipio, lo que no se sabe
es el ¿por qué? Por mi parte nunca había entrado a las instalaciones, por lo
mismo, ni siquiera conocía por donde entrar.
Semanas antes estaba con mi
primo Juan David caminando por los muros que daban finalidad a los terrenos que
comprendían los talleres del antiguo ferrocarril de Antioquia, siempre pasaba
por allí pero nunca me había preguntado que existía detrás de estos muros
llenos de grafitis -cuando me subía al Metro de Medellín si llegué a ver una
locomotora antigua y maltrecha pero nunca más de ahí- en ese momento fue cuando
mi primo me contó que lo que sucedía y algunas de las teorías de las razones
por la cual los proyectos que se plantearon en un principio para renovar los
talleres del antiguo y casi olvidado Ferrocarril de Antioquia, un conjunto de vías
intermunicipales que conectaban gran parte del Valle de Aburrá y algunos
sectores del Magdalena medio. Con la incógnita en la cabeza y algo de curiosidad
apenas llegué a mi casa me di en la tarea de buscar acerca del Ferrocarril y su
historia.
Inaugurado el 20 de noviembre
de 1926, este espacio es una de las pocas obras maestras de la ingeniería
colombiana que sobrevivió al paso del tiempo y conservó un pedazo de la
historia del Ferrocarril de Antioquia. En su momento fue una red ferroviaria
que comunicaba varias ciudades y pueblos del departamento de Antioquia,
llevando así pasajeros y carga. A base de carbón este era uno de los
transportes más representativos del departamento, con el paso del tiempo y los
avances de la tecnología, poco a poco se fue dejando a un lado este medio de
transporte de los antioqueños, viendo así más efectivos otros medios de
transporte masivos. A mediados del siglo XX el presupuesto para las vías férreas
había disminuido casi un 90% en comparación a sus primeros años ya que el
departamento le apostaba más a las carreteras que eran la “nueva moda”, los automóviles
y camiones comenzaron a arrebatarle el trono como medio de transporte masivo a
los ferrocarriles y poco a poco fueron quedando en el olvido de los
antioqueños, hasta que en el año 1992 el proyecto fue abandonado por completo y
sus instalaciones quedaron deshabilitadas para el público.
Después de la primera década del siglo XXI se propuso hacer
algo con ese terreno abandonado donde lo único que se hacía en este lugar era
corroer de orín. Muchos proyectos fueron presentados a los recientes dueños de
las instalaciones pues en 2009 fue
entregado por INVIAS y Min de transporte a la alcaldía de Bello. Iniciativas
como una universidad -hecha por el gobernador Luis Pérez-, un centro
comercial, se propuso también revivir el Ferrocarril de Antioquia, un
complejo de viviendas de interés social y hasta un tren de cercanías;
pero finalmente se decidió junto al Valle de Aburrá hacer un parque de arte
y oficios, esto desde el 2011. Decisión que ha quedado pausada desde
entonces pues no se han comenzado construcciones ni nada similar por el momento.
En mi niñez tuve cercanías con
el tema de las locomotoras, pues mi familia estaba dividida, una en Medellín y
Bello y la otra en Puerto Berrio, así que me cuenta mi madre y familia que para
ir a la finca de mi bisabuelo se transportaban en esta red ferroviaria, sin
embargo, -me dicen- llega uno más rápido trotando, porque eso sí, las
locomotoras pareciera ser que no eran muy veloces, pues también me comentan que
algunas veces cuando no quedaban puestos en el tren, había personas que se
subían al techo y se iban allí por el resto del viaje.
Con la curiosidad latente y la
ansiedad por ver que se encontraba dentro de las instalaciones pregunté a
conocidos la forma de ingresar a este lugar, primeramente me dieron la opción de
solicitar un permiso al Valle de Aburrá, pero, me advirtieron, esto no lo
otorgan a prácticamente nadie, la otra opción era la ilegal, me dijeron que por
los lados del Polideportivo Tulio Ospina se podía entrar ilegalmente, sin
embargo, que allí se encuentra un hombre que cobra la entrada pero que no se
responsabiliza de lo que pueda pasar estando adentro. Yo, decidido a entrar y
ver de una vez por todas que se “escondía” en estas instalaciones voy con mi
primo Juan David un miércoles en horas del mediodía, no cuento con permiso para
entrar, pero tampoco voy a pagarle a alguien para hacerlo ilegalmente, así que decido
probar suerte por la portería principal para averiguar qué sucede.
Al entrar por la portería, sin preguntar, cual dueño
del territorio y como si no tuviera que pedirle permiso a nadie, lo primero en
acontecer es que el portero del lugar me llama a preguntarme que a donde me
dirijo, yo sin titubear y con firmeza le respondo que a los talleres del
Ferrocarril -aún no sé si me dejo pasar por lo convencido que me vio o porque contaba
con la suerte de que en este lugar se estaba celebrando una reunión para
personas de la tercera edad- me dejó pasar e incluso me dio la indicación de
como llegar. Al entrar y ver la inmensidad de la construcción me asombró, pero
más emocionado quedó mi primo, pues el es arquitecto y a ver esa construcción quedó
perplejo. Observé una locomotora ya muy antigua, llena de oxido y deshecha, me
imaginé todo por lo que pudo haber pasado, las historias que tiene encima, las
personas que estuvieron en ella y sus historias, cada persona que giraba las
manivelas del tren, o los obreros que la arreglaban cada vez que algo le
fallaba, las personas que estuvieron dentro dando las paladas de carbón para
que esta recorriera las vías de gran parte de Antioquia.
Mientras recorría y observaba el lugar me seguía
haciendo la misma pregunta ¿por qué es tan difícil entrar aquí? y ¿por qué no
dejan entrar a casi nadie? Yo veía las ventanas rotas, las botellas vacías de
jugos y licor que probablemente eran de vándalos que se colaron o pertenecían al
habitante de calle del cual también era el “cambuche” que allí estaba situado. Quedaba
asombrado de pensar en que el lugar que un día era tan transitado y tan
frecuentado como lo son ahora las estaciones del Metro de Medellín, en estos
tiempos estuviera tan abandonado y desolado como se encontraba en ese instante,
que, si no fuera por mi primo que estaba a unos cuantos metros, me sentiría como
la única persona en el mundo, de la magnitud que se percibía en ese lugar.
Minutos después y al yo encontrarme con mi cámara
haciendo las fotos de los talleres y locomotoras, me intercepta un vigilante del
lugar que al preguntarme que hago en las instalaciones y solicitarme un permiso
que efectivamente no poseo, me pide que guarde la cámara y que me dirija a la
salida, yo le cuestiono el por que no puedo tomar fotos y sin respuesta me
conduce a mi y a mi primo a la salida.
Al sol de hoy la alcaldía de Bello en sociedad con el Valle de Aburrá ya dio un nuevo comunicado donde dictamina su intención de iniciar el proceso de restauración a los casi 88.000 metros cuadrados que componen las instalaciones, esto, con ayuda del Gobierno Nacional que financiará parte de los gastos necesarios.
Anexo de fotografías:











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