lunes, 26 de octubre de 2020

Talleres Ferrocarril de Antioquia


Con los vehementes rayos del sol sobre mi cabeza y con cierta probabilidad de perder la caminata que había emprendido 40 minutos antes entraba yo por la portería de los ya abandonados talleres del ferrocarril de Antioquia. Es sabido por la gran mayoría de la comunidad bellanita que este sitio situado a un costado de la estación Bello del Metro de Medellín, está restringido por las autoridades del municipio, lo que no se sabe es el ¿por qué? Por mi parte nunca había entrado a las instalaciones, por lo mismo, ni siquiera conocía por donde entrar.


Semanas antes estaba con mi primo Juan David caminando por los muros que daban finalidad a los terrenos que comprendían los talleres del antiguo ferrocarril de Antioquia, siempre pasaba por allí pero nunca me había preguntado que existía detrás de estos muros llenos de grafitis -cuando me subía al Metro de Medellín si llegué a ver una locomotora antigua y maltrecha pero nunca más de ahí- en ese momento fue cuando mi primo me contó que lo que sucedía y algunas de las teorías de las razones por la cual los proyectos que se plantearon en un principio para renovar los talleres del antiguo y casi olvidado Ferrocarril de Antioquia, un conjunto de vías intermunicipales que conectaban gran parte del Valle de Aburrá y algunos sectores del Magdalena medio. Con la incógnita en la cabeza y algo de curiosidad apenas llegué a mi casa me di en la tarea de buscar acerca del Ferrocarril y su historia.

 

Inaugurado el 20 de noviembre de 1926, este espacio es una de las pocas obras maestras de la ingeniería colombiana que sobrevivió al paso del tiempo y conservó un pedazo de la historia del Ferrocarril de Antioquia. En su momento fue una red ferroviaria que comunicaba varias ciudades y pueblos del departamento de Antioquia, llevando así pasajeros y carga. A base de carbón este era uno de los transportes más representativos del departamento, con el paso del tiempo y los avances de la tecnología, poco a poco se fue dejando a un lado este medio de transporte de los antioqueños, viendo así más efectivos otros medios de transporte masivos. A mediados del siglo XX el presupuesto para las vías férreas había disminuido casi un 90% en comparación a sus primeros años ya que el departamento le apostaba más a las carreteras que eran la “nueva moda”, los automóviles y camiones comenzaron a arrebatarle el trono como medio de transporte masivo a los ferrocarriles y poco a poco fueron quedando en el olvido de los antioqueños, hasta que en el año 1992 el proyecto fue abandonado por completo y sus instalaciones quedaron deshabilitadas para el público.

 

Después de la primera década del siglo XXI se propuso hacer algo con ese terreno abandonado donde lo único que se hacía en este lugar era corroer de orín. Muchos proyectos fueron presentados a los recientes dueños de las instalaciones pues en 2009 fue entregado por INVIAS y Min de transporte a la alcaldía de Bello. Iniciativas como una universidad -hecha por el gobernador Luis Pérez-, un centro comercial, se propuso también revivir el Ferrocarril de Antioquia, un complejo de viviendas de interés social y hasta un tren de cercanías; pero finalmente se decidió junto al Valle de Aburrá hacer un parque de arte y oficios, esto desde el 2011. Decisión que ha quedado pausada desde entonces pues no se han comenzado construcciones ni nada similar por el momento.

 

En mi niñez tuve cercanías con el tema de las locomotoras, pues mi familia estaba dividida, una en Medellín y Bello y la otra en Puerto Berrio, así que me cuenta mi madre y familia que para ir a la finca de mi bisabuelo se transportaban en esta red ferroviaria, sin embargo, -me dicen- llega uno más rápido trotando, porque eso sí, las locomotoras pareciera ser que no eran muy veloces, pues también me comentan que algunas veces cuando no quedaban puestos en el tren, había personas que se subían al techo y se iban allí por el resto del viaje.

 

Con la curiosidad latente y la ansiedad por ver que se encontraba dentro de las instalaciones pregunté a conocidos la forma de ingresar a este lugar, primeramente me dieron la opción de solicitar un permiso al Valle de Aburrá, pero, me advirtieron, esto no lo otorgan a prácticamente nadie, la otra opción era la ilegal, me dijeron que por los lados del Polideportivo Tulio Ospina se podía entrar ilegalmente, sin embargo, que allí se encuentra un hombre que cobra la entrada pero que no se responsabiliza de lo que pueda pasar estando adentro. Yo, decidido a entrar y ver de una vez por todas que se “escondía” en estas instalaciones voy con mi primo Juan David un miércoles en horas del mediodía, no cuento con permiso para entrar, pero tampoco voy a pagarle a alguien para hacerlo ilegalmente, así que decido probar suerte por la portería principal para averiguar qué sucede.



Al entrar por la portería, sin preguntar, cual dueño del territorio y como si no tuviera que pedirle permiso a nadie, lo primero en acontecer es que el portero del lugar me llama a preguntarme que a donde me dirijo, yo sin titubear y con firmeza le respondo que a los talleres del Ferrocarril -aún no sé si me dejo pasar por lo convencido que me vio o porque contaba con la suerte de que en este lugar se estaba celebrando una reunión para personas de la tercera edad- me dejó pasar e incluso me dio la indicación de como llegar. Al entrar y ver la inmensidad de la construcción me asombró, pero más emocionado quedó mi primo, pues el es arquitecto y a ver esa construcción quedó perplejo. Observé una locomotora ya muy antigua, llena de oxido y deshecha, me imaginé todo por lo que pudo haber pasado, las historias que tiene encima, las personas que estuvieron en ella y sus historias, cada persona que giraba las manivelas del tren, o los obreros que la arreglaban cada vez que algo le fallaba, las personas que estuvieron dentro dando las paladas de carbón para que esta recorriera las vías de gran parte de Antioquia.



Mientras recorría y observaba el lugar me seguía haciendo la misma pregunta ¿por qué es tan difícil entrar aquí? y ¿por qué no dejan entrar a casi nadie? Yo veía las ventanas rotas, las botellas vacías de jugos y licor que probablemente eran de vándalos que se colaron o pertenecían al habitante de calle del cual también era el “cambuche” que allí estaba situado. Quedaba asombrado de pensar en que el lugar que un día era tan transitado y tan frecuentado como lo son ahora las estaciones del Metro de Medellín, en estos tiempos estuviera tan abandonado y desolado como se encontraba en ese instante, que, si no fuera por mi primo que estaba a unos cuantos metros, me sentiría como la única persona en el mundo, de la magnitud que se percibía en ese lugar.

Minutos después y al yo encontrarme con mi cámara haciendo las fotos de los talleres y locomotoras, me intercepta un vigilante del lugar que al preguntarme que hago en las instalaciones y solicitarme un permiso que efectivamente no poseo, me pide que guarde la cámara y que me dirija a la salida, yo le cuestiono el por que no puedo tomar fotos y sin respuesta me conduce a mi y a mi primo a la salida.

Al sol de hoy la alcaldía de Bello en sociedad con el Valle de Aburrá ya dio un nuevo comunicado donde dictamina su intención de iniciar el proceso de restauración a los casi 88.000 metros cuadrados que componen las instalaciones, esto, con ayuda del Gobierno Nacional que financiará parte de los gastos necesarios. 

Anexo de fotografías:

 
 

 
 
 
 




Por Julián Duque Ramírez 

martes, 6 de octubre de 2020

La nueva normalidad -Edición 2019-

 “Bello, la población en la que mandan los violentos” así titulaba una noticia publicada por el periódico El Espectador el primero de junio del año 2019 donde el periodista Camilo Amaya realizaba un reporte completo sobre lo que había y estaba sucediendo en el municipio de Bello, Antioquia. Esta era una recopilación de datos y casos relacionados con la violencia que estaba sufriendo este municipio ubicado al norte del Valle de Aburrá. Se narraba como la violencia por parte de las bandas delincuenciales del municipio azotaba a sus mas de 690 mil habitantes.

Para la época en que todo tuvo su génesis yo tenía 17 años recién cumplidos, sin embargo, para mí todo comenzó en diciembre del 2018, yo vivía en la parte baja de un barrio llamado Niquía -el cual era la entrada a Bello si se llegaba desde el sur- pero me crie en la parte alta de este barrio llamada Niquía Camacol, por esta época de Navidad y fin de año como toda mi familia era de Camacol yo recurría estos lugares frecuentemente. Siempre supe de la existencia de las bandas en el municipio y más en sector donde fui criado pero mi familia no estaba muy involucrada en esos temas -solo uno que otro primo-. Llegué a la casa de mi abuela un día al medio día pues ella me había invitado a almorzar, y recuerdo lo primero que escuché del tema, mientras todos almorzábamos mi tía dijo “mataron a alguien que apenas estaba saliendo del cuadradero en un bus, llegó un man y por la ventanilla le disparo como 3 veces” en el barrio Camacol hay un “cuadradero” donde están la mayoría de buses que llegan y salen los a circulan todo el municipio.

Y allí comenzó todo, a partir de esa fecha a todo lugar donde yo llegaba escuchaba mentar las muertes, los homicidios, los “picados”, el cuerpo que se encontró allí, la balacera que hubo allá. La violencia azotaba todos los sectores de Bello, no pasaban dos días sin que escuchara esta frase “otro muerto en…” tal era el caso que eso se fue volviendo en una cotidianidad. Siempre fue normal escuchar a la mamá antes de salir que se cuidara, que se encomendara a Dios o a la virgen, pero para los bellanitas eso ya no era una tradición sino una necesidad, si salía no tenía la certeza de que podría ocurrirme o incluso si volvería. Y lo peor de todo era la incertidumbre que se tenía ¿Por qué hay tantas muertes? ¿Qué está pasando? ¿Por qué se están enfrentando? ¿Quiénes se están enfrentando? Hasta enero del 2019 nadie sabía que pasaba, todo era rumores y humo, se especulaba que unos se metieron a robar a los otros, o que el duro de una banda se metió con la mujer del otro duro, pero a ciencia cierta nada era conciso.

Para ese entonces yo entrenaba Futsal en un barrio bastante lejano al mío “El Mesa” mi medio de transporte era una bicicleta que usaba para ir a mis lugares de frecuencia, entrenaba los lunes, miércoles y viernes, y los fines de semana jugaba uno o dos partidos en los torneos. El tema de la violencia tampoco era ajeno en este lugar y más porque allí era una de las bandas más nombradas y poderosas de Bello, sin embargo, nunca había tenido ningún problema en hacer este recorrido, pero cuando llegó el mes de febrero del 2019 todo cambió. Para esta fecha llegó un panfleto a la casa de mi abuela, diciendo que a todo el que vieran “mal parado después de las 9” de la noche que se enfrentara a las consecuencias, que ellos no respondían por daños ocurridos a inocentes pero que está guerra no era con los que estaban “sanos”, es decir, con los que no tenían nada que ver, y por último, que por favor -como rogando para no matarlos- que no dieran “papaya”. Eso asustó mucho a mi familia y ya todos con el temor impuesto se decían por el grupo de “WhatsApp” que se cuidaran, que no salieran y que se encomendaran a Dios.

En esa misma semana salí a entrenar como de costumbre, sin embargo, al pasar por un puente que hace parte de mi camino llamado “el congolo” veo que hay a mi vista cinco militares armados y posicionados en forma de guardia y quien sabe cuantos más, allí es cuando pienso “se va a poner feo” -más- cuando llego a la cancha donde entreno el entrenador nos dice que tres de los compañeros jugadores no van a poder volver a asistir en un tiempo ya que no pueden salir de su casa, “si salgo me matan, Nando” -dijo mi entrenador, refiriéndose a lo que le dijo uno de ellos- me quedé es shock y me sorprendió bastante “ya me está empezando a llegar” pensé. Los entrenamientos que eran de 6-8pm los cambiaron de horario a uno más temprano para poder llegar a casa más rápido.

En la imagen se observa una parte del barrio mesa. Y se puede evidenciar una parte de la cancha donde entrenaba. -Extraída de Noticias Caracol-.

A medida que pasaba el tiempo se evidenciaba aún más la preocupación y el desasosiego que tenía toda la comunidad, a mi me advertían mucho que tuviera cuidado porque yo cruzaba una frontera invisible entre los dos barrios que estaban en guerra. Semanas después, ocurriendo todo de la misma manera sucedió otro caso que también me dejó marcado y es que a la salida de mi colegio -barrio Niquía parte baja, donde no había tantos casos de violencia- mataron en la calle a una persona, recuerdo la ambulancia del CTI y los policías y militares acordonando todo el sitio, y decenas de personas aglomerándose para ver el muerto. La persona había sido víctima de un presunto homicidio por arma de fuego, que al ser disparada con silenciador no habría hecho estruendo y por ende no nos habíamos dado cuenta en el colegio. A partir de ese suceso en algunos colegios se empezó a tener compañía de los militares, sin embargo, algunos como el Colegio Gilberto Echeverri en el barrio Buenos Aires cerró sus puertas por unos días para evitar que los estudiantes se vieran implicados, y en lugares frecuentados por la comunidad también, después del toque de queda “decretado” hace unos meses por las bandas, se implementó otro, pero esta vez por parte del municipio mismo.

Para el 06 de agosto del 2019 ya habían registradas 101 personas asesinadas, un alza de más del 156% con relación a las 38 personas muertas ocasionadas por la violencia del año anterior para la misma fecha. Los noticieros nacionales ya empezaban a poner el foco en el municipio de Bello, canales como Caracol y su noticiero empezaban a hacer reportajes de como es vivir allí y en sectores implicados. En la crónica citada al inicio, se le hace una entrevista a un hombre de 50 años quien manifestaba que se sentía en la época de La Ramada, los Monjes y los Killers, que se consolidaron gracias a Toño Zapata, uno de los reclutadores de Pablo Escobar, que cambió el presente y futuro de muchas generaciones”.

Varios meses después del sentimiento de inseguridad en el municipio, poco a poco se le fue “acabando la leña al fuego” y las muertes comenzaron a disminuir paulatinamente y con ellas la guardia. A pesar de todo esto la comunidad bellanita sigue bajo la tiranía de dictadores que no son los dueños ni representantes de este municipio, sin embargo, es sabido por todos que se debe manejar un bajo perfil y no “meterse” con ninguna banda del municipio, que aunque no son pocas, en su mayoría de veces pasan de ser victimarios a defensores del pueblo cuando por parte de las autoridades legales hay abusos y amenazas, por eso es que un ciudadano bellanita dijo en una entrevista que se le hizo “El tema es tan complejo que las autoridades prefieren no meterse de lleno, pues al fin de cuentas es la comunidad la que paga si hay operativos, capturas y bajas. Las represalias son contra los civiles”.



Talleres Ferrocarril de Antioquia

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