martes, 6 de octubre de 2020

La nueva normalidad -Edición 2019-

 “Bello, la población en la que mandan los violentos” así titulaba una noticia publicada por el periódico El Espectador el primero de junio del año 2019 donde el periodista Camilo Amaya realizaba un reporte completo sobre lo que había y estaba sucediendo en el municipio de Bello, Antioquia. Esta era una recopilación de datos y casos relacionados con la violencia que estaba sufriendo este municipio ubicado al norte del Valle de Aburrá. Se narraba como la violencia por parte de las bandas delincuenciales del municipio azotaba a sus mas de 690 mil habitantes.

Para la época en que todo tuvo su génesis yo tenía 17 años recién cumplidos, sin embargo, para mí todo comenzó en diciembre del 2018, yo vivía en la parte baja de un barrio llamado Niquía -el cual era la entrada a Bello si se llegaba desde el sur- pero me crie en la parte alta de este barrio llamada Niquía Camacol, por esta época de Navidad y fin de año como toda mi familia era de Camacol yo recurría estos lugares frecuentemente. Siempre supe de la existencia de las bandas en el municipio y más en sector donde fui criado pero mi familia no estaba muy involucrada en esos temas -solo uno que otro primo-. Llegué a la casa de mi abuela un día al medio día pues ella me había invitado a almorzar, y recuerdo lo primero que escuché del tema, mientras todos almorzábamos mi tía dijo “mataron a alguien que apenas estaba saliendo del cuadradero en un bus, llegó un man y por la ventanilla le disparo como 3 veces” en el barrio Camacol hay un “cuadradero” donde están la mayoría de buses que llegan y salen los a circulan todo el municipio.

Y allí comenzó todo, a partir de esa fecha a todo lugar donde yo llegaba escuchaba mentar las muertes, los homicidios, los “picados”, el cuerpo que se encontró allí, la balacera que hubo allá. La violencia azotaba todos los sectores de Bello, no pasaban dos días sin que escuchara esta frase “otro muerto en…” tal era el caso que eso se fue volviendo en una cotidianidad. Siempre fue normal escuchar a la mamá antes de salir que se cuidara, que se encomendara a Dios o a la virgen, pero para los bellanitas eso ya no era una tradición sino una necesidad, si salía no tenía la certeza de que podría ocurrirme o incluso si volvería. Y lo peor de todo era la incertidumbre que se tenía ¿Por qué hay tantas muertes? ¿Qué está pasando? ¿Por qué se están enfrentando? ¿Quiénes se están enfrentando? Hasta enero del 2019 nadie sabía que pasaba, todo era rumores y humo, se especulaba que unos se metieron a robar a los otros, o que el duro de una banda se metió con la mujer del otro duro, pero a ciencia cierta nada era conciso.

Para ese entonces yo entrenaba Futsal en un barrio bastante lejano al mío “El Mesa” mi medio de transporte era una bicicleta que usaba para ir a mis lugares de frecuencia, entrenaba los lunes, miércoles y viernes, y los fines de semana jugaba uno o dos partidos en los torneos. El tema de la violencia tampoco era ajeno en este lugar y más porque allí era una de las bandas más nombradas y poderosas de Bello, sin embargo, nunca había tenido ningún problema en hacer este recorrido, pero cuando llegó el mes de febrero del 2019 todo cambió. Para esta fecha llegó un panfleto a la casa de mi abuela, diciendo que a todo el que vieran “mal parado después de las 9” de la noche que se enfrentara a las consecuencias, que ellos no respondían por daños ocurridos a inocentes pero que está guerra no era con los que estaban “sanos”, es decir, con los que no tenían nada que ver, y por último, que por favor -como rogando para no matarlos- que no dieran “papaya”. Eso asustó mucho a mi familia y ya todos con el temor impuesto se decían por el grupo de “WhatsApp” que se cuidaran, que no salieran y que se encomendaran a Dios.

En esa misma semana salí a entrenar como de costumbre, sin embargo, al pasar por un puente que hace parte de mi camino llamado “el congolo” veo que hay a mi vista cinco militares armados y posicionados en forma de guardia y quien sabe cuantos más, allí es cuando pienso “se va a poner feo” -más- cuando llego a la cancha donde entreno el entrenador nos dice que tres de los compañeros jugadores no van a poder volver a asistir en un tiempo ya que no pueden salir de su casa, “si salgo me matan, Nando” -dijo mi entrenador, refiriéndose a lo que le dijo uno de ellos- me quedé es shock y me sorprendió bastante “ya me está empezando a llegar” pensé. Los entrenamientos que eran de 6-8pm los cambiaron de horario a uno más temprano para poder llegar a casa más rápido.

En la imagen se observa una parte del barrio mesa. Y se puede evidenciar una parte de la cancha donde entrenaba. -Extraída de Noticias Caracol-.

A medida que pasaba el tiempo se evidenciaba aún más la preocupación y el desasosiego que tenía toda la comunidad, a mi me advertían mucho que tuviera cuidado porque yo cruzaba una frontera invisible entre los dos barrios que estaban en guerra. Semanas después, ocurriendo todo de la misma manera sucedió otro caso que también me dejó marcado y es que a la salida de mi colegio -barrio Niquía parte baja, donde no había tantos casos de violencia- mataron en la calle a una persona, recuerdo la ambulancia del CTI y los policías y militares acordonando todo el sitio, y decenas de personas aglomerándose para ver el muerto. La persona había sido víctima de un presunto homicidio por arma de fuego, que al ser disparada con silenciador no habría hecho estruendo y por ende no nos habíamos dado cuenta en el colegio. A partir de ese suceso en algunos colegios se empezó a tener compañía de los militares, sin embargo, algunos como el Colegio Gilberto Echeverri en el barrio Buenos Aires cerró sus puertas por unos días para evitar que los estudiantes se vieran implicados, y en lugares frecuentados por la comunidad también, después del toque de queda “decretado” hace unos meses por las bandas, se implementó otro, pero esta vez por parte del municipio mismo.

Para el 06 de agosto del 2019 ya habían registradas 101 personas asesinadas, un alza de más del 156% con relación a las 38 personas muertas ocasionadas por la violencia del año anterior para la misma fecha. Los noticieros nacionales ya empezaban a poner el foco en el municipio de Bello, canales como Caracol y su noticiero empezaban a hacer reportajes de como es vivir allí y en sectores implicados. En la crónica citada al inicio, se le hace una entrevista a un hombre de 50 años quien manifestaba que se sentía en la época de La Ramada, los Monjes y los Killers, que se consolidaron gracias a Toño Zapata, uno de los reclutadores de Pablo Escobar, que cambió el presente y futuro de muchas generaciones”.

Varios meses después del sentimiento de inseguridad en el municipio, poco a poco se le fue “acabando la leña al fuego” y las muertes comenzaron a disminuir paulatinamente y con ellas la guardia. A pesar de todo esto la comunidad bellanita sigue bajo la tiranía de dictadores que no son los dueños ni representantes de este municipio, sin embargo, es sabido por todos que se debe manejar un bajo perfil y no “meterse” con ninguna banda del municipio, que aunque no son pocas, en su mayoría de veces pasan de ser victimarios a defensores del pueblo cuando por parte de las autoridades legales hay abusos y amenazas, por eso es que un ciudadano bellanita dijo en una entrevista que se le hizo “El tema es tan complejo que las autoridades prefieren no meterse de lleno, pues al fin de cuentas es la comunidad la que paga si hay operativos, capturas y bajas. Las represalias son contra los civiles”.



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